Entre pitos y flautas…

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Terminó otra edición de la Copa del rey. Sinceramente, he disfrutado de toda la Copa (incluyendo la final con la más que sonada polémica).

He leído y visto las noticias en los medios de comunicación. He escuchado y he participado en conversaciones y en algunas discusiones (todas ellas graciosas, porque ninguna discusión se gana con los puños si se tiene algo de razón…).

Me muero de risa cuando la gente dice que no hay libertad de expresión. Y luego, cuando la hay y no convence ni corresponde con la de las instituciones y los medios, resulta que son todos malos usos de este poderoso derecho (sino conviene, se dirá siempre que es un abuso…). Es más, incluso me atrevo a decir que instituciones y medios son muy a menudo abusadores o malhechores de este derecho y que incluso lo desgastan.

Tengo muchos motivos para escribir este artículo y sobre todo para respetar la opinión de la gente, esté o no en concordancia con mis ideas.

La política no debe estar presente ni ligada en el deporte (ni en la prensa deportiva). Me siento en la obligación de recordar que siempre que hay un éxito de algún deportista español/autóctono/nacional, aparece algún político para hacerse la foto y agenciarse la medalla ajena… En ningún caso se debe reconocer la verdad. La verdad oculta de l@s entrenadores/as de formación, familiares, maestr@s y amig@s, así como todas las demás influencias tanto positivas como negativas.

Toda la Copa estuvo bien y en el último momento, por la simple aparición de unos personajes, se lía parda. Todo el mundo estaba a gusto, y por la aparición de unas personas relacionadas con el mundo de la política, todos empezamos a discutir (y yo a escribir…).

Me gusta que la gente se exprese. Y por una vez que la opinión va a contracorriente de las posturas tradicionalmente oficiales y costumbristas, me preocupa que no se respete la opinión ajena. Me molesta que la pitada haya molestado.

La Copa no es del rey (ni del generalísimo en su época), la Copa es del Baloncesto. El problema que tenemos en España es que a la gente le da reparo llamar a las cosas por su nombre. Es más, si renombráramos esta competición con un nombre tan sencillo como “Copa de España”, quizás seguiría la polémica (eso si no se agrava). De allí, que haya que buscar un título que no dé pie a tantas polémicas como “Copa ACB”. Podría ser más sencillo aún, y para que l@s niñ@s lo entiendan a la primera, como llamarla “Copa del Baloncesto”.

No sería de extrañar que mucha gente vaya a recordar esta edición por la pitada. Es más, hoy en la mayoría de los medios de “información” el Baloncesto era noticia en primera plana por el “incidente” de la pitada. Incluso nos hizo un favor a tod@s l@s amantes del baloncesto, porque seguro que de no haber habido pitada, la cobertura informativa de nuestra Copa hubiera desfilado (sin ton ni son), con una duración de 30 segundos (o menos incluso), tras todos los partidos de la jornada de fútbol de primera y alguna anécdota de fútbol extranjero o misceláneas (éstas siempre cómicas o trágicas –los extremos siempre se tocan-).

Finalmente, la idea de atribuir alguna causa específica a la pitada me parece inútil.

Ya sea por la aparición de dos personas que ocupan un puesto de relevancia (para unos representa la unidad de un país; y para otros resulta meramente inútil -tanto política como económicamente); ya sea por la audición del himno nacional (versión corta), no creo que haya que darle tanta importancia ni montar tanto escándalo. Son dos espectadores más que vienen a disfrutar de un partido de baloncesto y es una melodía-canción que ni tan siquiera tiene letra y que tan sólo se tararea.

Al final, entre pitos y flautas, tod@s disfrutamos de una excelente exhibición de Baloncesto en estado puro. Lo importante es y será siempre el BALONCESTO.

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