El seleccionador que llevó a Italia a la plata olímpica de Moscú y al oro del Europeo del 83 cerró su charla sobre ataque a zona con cinco ideas que, según dijo, había ido recogiendo a lo largo de su carrera. No son movimientos: son las condiciones que tienen que cumplirse para que cualquier movimiento funcione.
Van bien como lista de comprobación antes de dibujar nada.
Índice
1. Al recibir, encararse al aro
Quien recibe tiene que estar preparado inmediatamente para tirar, pasar o botar. No para elegir después: para hacer cualquiera de las tres cosas ya.
Contra defensa individual un jugador puede recibir de lado y colocarse. Contra zona no, porque el hueco que se ha abierto dura lo que tarda el defensor de al lado en llegar. Encararse al aro al recibir es lo que convierte una ventaja de medio segundo en un tiro.
2. Marcar cuándo, desde dónde y quién puede tirar de tres
Las tres cosas, dichas por el entrenador y sabidas por todos. Contra zona el triple aparece solo, y por eso mismo aparece también en manos que no deberían tomarlo.
Esto no es desconfiar de nadie: es que un equipo que no ha decidido esto antes del partido lo decide durante, y lo decide mal.
3. Dar dentro y volver a sacar
Es la idea que más rendimiento da y la que menos se entrena. Al jugador alto hay que enseñarle que cuando reciba dentro vuelva a sacar el balón fuera, al lado contrario o al frontal del área.
El motivo es geométrico: cuando el balón entra, la zona se cierra hacia dentro. En ese momento todo el mundo está mirando al pívot, y el jugador que aparece por fuera recibe con más espacio que en ninguna otra situación del ataque.
El instinto del pívot es tirar siempre que recibe dentro. Cambiar eso lleva semanas y es de las cosas que más cambian un ataque a zona.
4. Recibir y tirar sin botar
A los exteriores hay que enseñarles a recibir el balón y tirar sin necesidad de dar un bote. Ese bote de más, el de acomodarse, es exactamente el tiempo que necesita la zona para recuperar la posición.
Es un gesto que se entrena aparte, con pases y sin defensa, y que se nota en el marcador.
5. Romperla antes de que se monte
El mejor momento para atacar una zona es cuando todavía no es una zona: cuando está replegando y no ha terminado de colocarse.
De ahí se deduce lo que hay que hacer si el tiro exterior no está entrando ese día, que es la situación real de la mayoría de los partidos de formación: correr y buscar segundos tiros. El contraataque y el rebote ofensivo son la mejor forma de atacar una zona cuando el tiro de fuera no está.
Dicho al revés, que es como se entiende mejor: si tu equipo no corre y no ataca el rebote, la zona rival ya ha hecho su trabajo antes de colocarse.
Este artículo desarrolla ideas de la ponencia de Sandro Gamba en el Clinic Final Four organizado por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto durante la fase final de la Copa de Europa en Zaragoza. El texto es nuestro; el mérito de los conceptos, suyo.
