Casi todos los equipos tienen a alguien bueno en el poste medio, y casi todos los equipos que defienden individual acaban decidiendo lo mismo: ahí no se defiende solo. Se dobla.
Los dos motivos son los de siempre y no hace falta discutirlos. Evitar canastas fáciles y evitar que los pívots se carguen de faltas, que en formación es probablemente el más importante de los dos, porque un cuatro con tres faltas en el segundo cuarto te cambia el partido entero.
Lo interesante empieza después: quién va a doblar. Y ahí la respuesta no es una, son dos, y dependen de cómo esté colocado el ataque.
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Caso uno: hay dos jugadores en el lado del balón
Situación normal, un alero y un base en el mismo lado. El balón entra al poste.
Dobla el defensor del pasador. Es el que está más cerca y el que llega antes, y como el pase ya ha salido, su hombre es momentáneamente el menos peligroso de los dos.
Lo que hay que tener preparado es qué pasa cuando el balón vuelve a salir, que es casi siempre. Y aquí está el detalle que la mayoría de equipos no cierra:
El defensor del base se va a defender al alero, y el que estaba doblando sube a defender al base. Es decir, se cambian, no se recupera cada uno a su hombre.
Por qué se cambian en vez de recuperar
Porque hoy el tiro que hay que evitar no es el del poste: es el triple que llega inmediatamente después de sacar el balón de dentro a fuera. Esa acción es tan peligrosa como la propia jugada interior, y muchas veces más.
Si cada defensor intenta volver con su hombre, el que estaba doblando tiene que recorrer toda la distancia hasta el perímetro mientras el balón ya está viajando. Cambiándose, el que sale hacia fuera es el que estaba más cerca, y la recuperación es mucho más rápida.
Cuesta aceptarlo porque suena a renunciar al emparejamiento. En realidad es lo contrario: es elegir qué tiro concedes, que es lo único que hace una defensa.
Caso dos: el ataque ha aclarado
Si el ataque juega un aclarado y en el lado del balón solo queda un hombre exterior, la ayuda la hace el defensor de arriba, no el del pasador.
El razonamiento es el mismo del apartado anterior, leído al revés. Si doblara el defensor del pasador, no quedaría nadie para relevar cuando el balón saliera otra vez a buscar el triple. Con el de arriba doblando, el del pasador se queda disponible exactamente para eso.
Cómo se entrena esto sin que sea un lío
Este tipo de ayuda tiene concepto de zona metido dentro, aunque la defensa sea individual: hay reparto de responsabilidades y hay relevos. Por eso trabajarlo suelto sirve después para montar cualquier sistema defensivo.
Pero el orden importa, y es el que recordaba el propio ponente al cerrar: primero los fundamentos del uno contra uno, después el dos contra dos y el tres contra tres, y solo al final la defensa de equipo.
Dicho de la forma en que lo dijo él, que no admite mucha réplica: si tus jugadores no son buenos defensores individuales, tu defensa de equipo tampoco va a serlo. No hay sistema que tape eso.
Un ejercicio para aislarlo
Para los bloqueos ciegos usaba un ejercicio en rueda: el jugador que recibe el primer bloqueo sube después a bloquear a su compañero, y así sucesivamente.
La gracia no es el movimiento, es que con esa rueda cada jugador practica la defensa de las dos posiciones —la del que recibe el bloqueo y la del que lo pone— dentro del mismo ejercicio, sin tener que montar un cuatro contra cuatro para ello.
Este artículo desarrolla ideas de la ponencia de Jack Ramsay en el Clinic Final Four organizado por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto durante la fase final de la Copa de Europa en Zaragoza. El texto es nuestro; el mérito de los conceptos, suyo.
