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Para Jugadores de Basket

Steven Adams bromea con que la liga se va a desplomar en noviembre, y la broma toca el dato mejor medido del baloncesto

Sale un videojuego y un pívot de la NBA avisa. Debajo del chiste está lo único que mejora el tiro sin tocar la mecánica: dormir.

Publicado
6 Oct 2026
Revisado
27 Sep 2026
Lectura
4 min
Autor
Claudio
Steven Adams bromea con que la liga se va a desplomar en noviembre, y la broma toca el dato mejor medido del b

Steven Adams, pívot de los Houston Rockets, ha soltado esta semana una de las suyas: que estemos atentos a noviembre, porque sale GTA 6 y el rendimiento de la liga, y de paso el de la NFL, se va a venir abajo. Lo dijo de broma y se ha hecho viral.

Como entrenador, la broma me interesa por otra razón. Porque debajo hay un asunto que no es gracioso y que además es de lo poco en esta profesión que está medido con números serios.

Lo que pasa en noviembre, videojuego aparte

Noviembre es el mes en que el cuerpo se entera de que la temporada ha empezado de verdad. La pretemporada se acabó, las piernas ya acumulan partidos, empiezan los viajes largos y aparecen los partidos en noches consecutivas.

Y un partido de noche no termina cuando suena la bocina. Termina dos horas después: la adrenalina no baja de golpe, hay que recuperar, hay que comer, muchas veces hay que coger un avión. Un jugador que ha jugado a las nueve de la noche raramente duerme antes de la una o las dos de la madrugada.

Encima de eso, pon un juego que engancha. Ahí está la broma de Adams, y ahí está el problema real.

El dato que deberías conocer

Hay un estudio de referencia, hecho en Stanford por Cheri Mah y publicado en 2011, con jugadores universitarios de baloncesto. Durante varias semanas les pidieron que extendieran el sueño hasta unas diez horas diarias, y midieron antes y después.

Los resultados, en corto: el porcentaje de tiros libres y el de triples subieron alrededor de nueve puntos. También esprintaban más rápido y reaccionaban antes.

Párate en eso un segundo. Nueve puntos de porcentaje en el tiro sin tocar la mecánica, sin cambiar la rutina de tiro y sin meter una sola hora extra de gimnasio. Solo durmiendo más.

Yo llevo muchos años dando vueltas a cómo subirle el tiro libre a un equipo. No conozco ninguna otra intervención con ese tamaño de efecto y que además sea gratis.

Por qué el sueño pega justo donde pega

Esto es lo que suelo explicarles a mis jugadores, y conviene entenderlo para saber qué esperar.

Dormir poco no te quita fuerza de inmediato. Lo que te quita primero es precisión fina y velocidad de decisión. O sea, exactamente lo que necesitas para un tiro libre, para un triple con pies orientados y para leer una ayuda antes de que llegue.

Por eso un equipo cansado no parece cansado al mirarlo. Corre, salta y compite. Lo que hace es fallar tiros que mete siempre y tardar una décima de más en decidir el pase. Y una décima de más es una pérdida.

Si has entrenado a un grupo después de un torneo de fin de semana, ya has visto esa cara: las piernas están, la cabeza no.

Dónde fallamos los entrenadores

Solemos tratar el descanso como algo que está fuera de nuestro trabajo. Programamos la carga, la técnica, el vídeo y la alimentación, y el sueño lo dejamos en el terreno de «que cada uno se organice».

No tiene sentido. Si mides los minutos de cada jugador con precisión de reloj y luego no sabes cuántas horas duerme, estás controlando la mitad del problema.

En formación es todavía más claro, porque ahí el sueño compite con el instituto, con el móvil y, en noviembre, con un juego nuevo. Ningún entrenador va a ganar esa batalla prohibiendo cosas. Se gana explicando el número de arriba: nueve puntos de porcentaje. A un chaval que quiere tirar mejor, ese argumento le entra; el de «hay que descansar» le entra por una oreja y le sale por la otra.

Cuatro cosas que sí puedes hacer

Habla de horas, no de descanso. Pregunta a qué hora se acostaron, como preguntas por el tobillo. Lo que se pregunta se mide, y lo que se mide se cuida.

Cuida la noche después del partido, no la de antes. La víspera casi todo el mundo la respeta. La que se pierde es la de después, y es la que condiciona el entrenamiento del día siguiente.

Ajusta la sesión posterior a un partido nocturno. Si sabes que el grupo ha dormido cinco horas, ese no es el día del trabajo técnico fino. Cámbialo por táctica, vídeo o carga.

Y la siesta cuenta. Veinte o treinta minutos por la tarde antes de un partido de noche no son pereza: son minutos que recuperas justo en lo que se te va a pedir.

Volviendo a Adams

Él lo dijo riéndose, y tiene toda la razón del mundo. En noviembre va a haber jugadores profesionales acostándose a las cuatro de la mañana, y algunos de ellos van a fallar tiros que llevan metiendo toda la vida.

La diferencia entre ellos y tu equipo es que a ellos les paga alguien por estar a punto. A los tuyos les mueve entender por qué. Cuéntales lo de los nueve puntos.