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Para Jugadores de Basket

Jugadas o lectura: qué enseñar cuando solo tienes dos entrenamientos por semana

El equipo que se sabe seis jugadas gana en noviembre. El que aprende a leer el bloqueo directo gana en marzo. Cuatro ejercicios para lo segundo.

Publicado
18 Sep 2026
Revisado
10 Sep 2026
Lectura
4 min
Autor
Claudio
Entrenamiento de baloncesto de formacion en un pabellon

Tienes catorce críos de doce años y dos entrenamientos por semana. Puedes dedicarlos a que se aprendan seis jugadas, o a que aprendan a leer un bloqueo directo. No da tiempo a las dos cosas, y lo sabes.

El sábado, el equipo que se sabe las seis jugadas gana. Casi siempre. Y por eso casi todo el mundo elige eso.

De dónde saco yo el argumento contrario

De un ajedrecista. José Raúl Capablanca fue campeón del mundo en los años veinte y entre 1916 y 1924 no perdió una partida. Sus rivales se pasaban la vida encerrados memorizando aperturas. De él se contaba que miraba el tablero y ya sabía lo que iba a pasar.

Esa parte está algo adornada, trabajaba más de lo que decía. Pero la diferencia de fondo era real y es exactamente nuestra discusión: los otros sabían qué mover en las posiciones que habían estudiado; él entendía por qué se movía así. En cuanto aparecía algo fuera del libro, los primeros se quedaban sin nada.

Eso es el equipo que se sabe seis jugadas cuando el rival cambia a zona.

Lo que pasa de verdad en cancha

Cuarto cuarto, dos posesiones abajo. Pides la jugada que mejor sale en entrenamiento. El base sube, el pívot va a poner el bloqueo arriba y el defensor del pívot se queda pegado a él sin salir. No hay bloqueo. La jugada, tal como se ensayó, no existe.

El equipo que memorizó la ejecuta igual, con el bloqueo que no ha llegado, y acaba en un tiro forzado a seis segundos.

El que ha aprendido a leer ve que el defensor del pívot está pegado y que entonces hay un hombre menos ayudando: sale de bote, ataca el aro y en cuanto llegue la ayuda descarga fuera. No es una jugada, es una consecuencia.

La diferencia no es de talento. Es de qué le has enseñado a mirar.

Cómo se enseña a leer, en concreto

Porque «que lean el juego» no es una instrucción, es un deseo. Cuatro cosas que sí se pueden hacer el martes.

Empieza por el final, no por el principio. Es lo que hacía Capablanca en ajedrez y funciona igual aquí: no empieces por el sistema entero, empieza por dos contra dos con bloqueo directo. Cuatro jugadores en pista y todo lo demás fuera. Con diez en cancha, un chaval de doce años no ve nada y hace lo que le suena. Con cuatro, ve al defensor y puede decidir.

Cuando lo lea bien en dos contra dos, mete al tercero. Y solo entonces, al resto.

Pregunta antes, no después. Todos corregimos después: «ahí tenías que haber tirado». Eso enseña a obedecer, no a leer. Para el ejercicio antes de que se mueva nadie y pregunta: «¿qué va a hacer su defensor?». Que responda. Que se equivoque. Y luego que se ejecute y se compruebe.

Es el cambio que más se nota en un grupo de formación y no cuesta ni un minuto de entrenamiento más.

Prohíbe la primera opción. Un ejercicio de cinco minutos: todo lo que salga del bloqueo directo vale menos la salida de bote hacia la línea de fondo, que es la que hacen siempre. Sin su automatismo, tienen que mirar.

Cambia la defensa sin avisar. A mitad de un ejercicio de ataque, que la defensa pase a cambiar todos los bloqueos. No lo digas. Lo que pase después es el entrenamiento de verdad.

Lo que no voy a decirte

Que tires las jugadas a la basura. Un equipo de formación necesita tres o cuatro cosas fijas: un saque de fondo, un saque de banda y algo para el final apretado. Eso da seguridad y la seguridad hace falta a esas edades.

Lo que digo es que sean tres o cuatro y no doce, y que el tiempo que ahorras vaya a leer.

Y el precio, que hay que decirlo

Este camino pierde partidos en noviembre. Los pierde. El equipo de al lado, con sus seis jugadas ensayadas mil veces, te va a ganar por doce en la primera vuelta y algún padre te lo va a decir.

En marzo empiezan a ganarlas ellos, y en cadete la diferencia ya no se recupera. Pero eso hay que aguantarlo cuatro meses, y ahí es donde la mayoría se baja.

Si vas a hacerlo, díselo a las familias en la primera reunión, con estas palabras. No para curarte en salud: para que cuando lleguen los doce puntos de diferencia, sepan qué están viendo.