La zona 1-3-1 se ha puesto de moda otra vez en cantera, y la mayoría de los equipos la ataca igual que ataca cualquier otra zona: pasando el balón alrededor y esperando a que se abra un hueco. Con la 1-3-1 eso no funciona, porque está diseñada precisamente para cubrir el perímetro con movimiento y no con posiciones fijas.
Hay una forma mejor, y empieza por una pregunta que casi nadie se hace antes de atacar una zona: ¿quiénes son los dos defensores que más se mueven?
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Los dos que hacen el trabajo
En una 1-3-1, los dos defensores que sostienen el sistema son el de la última línea —el del fondo— y el del centro. Todo lo demás gira alrededor de ellos.
El mecanismo es este. Cuando el balón llega a una esquina, el defensor del fondo tiene que salir a presionarlo, porque si no el tiro de esquina queda libre. Y en el momento en que sale, deja un agujero debajo del aro. Quien tapa ese agujero es el defensor del centro, que baja a cubrirlo.
Ahí está la llave de la defensa entera: dos jugadores cubriendo cuatro sitios. Si consigues que el del centro no llegue a bajar, la zona se queda abierta por debajo.
Cómo se rompe
La colocación de partida es la de cualquier ataque contra zona: dos bases arriba, un doble poste en el lado fuerte y un poste en el lado contrario.
El movimiento tiene cuatro pasos y el orden importa:
Uno. El base del lado del balón bota fuerte hacia su defensor. Fuerte de verdad, como si fuera a penetrar. No hacia el hueco entre los dos defensores, sino hacia él: lo que se busca es que ese defensor tenga que ocuparse de un problema y no pueda ayudar en otro sitio.
Dos. Mientras el base fija a su defensor, el alero se abre a la esquina y recibe. Esa recepción es la que obliga al defensor del fondo a salir.
Tres, y es el paso que casi nadie hace. En el momento en que el defensor del fondo sale a la esquina, el poste sube a bloquear al defensor del centro para que no pueda bajar a tapar el hueco que acaba de dejar su compañero. Ese bloqueo es todo el movimiento. Sin él, la zona se recompone sola y el ataque no ha conseguido nada.
Cuatro. El poste que estaba pegado a la línea de fondo corta hacia el balón para recibir del jugador de la esquina, que ahora tiene la entrada libre porque nadie está cubriendo esa zona.
Un detalle que suele fallar: el que bloquea tiene que continuar hacia el lado débil después de poner el bloqueo. No se queda parado en la zona, entre otras cosas porque son tres segundos.
Qué se consigue
Dos cosas, y conviene entender que la segunda es la buena.
La primera es un tiro exterior cómodo desde la esquina. Está bien, pero es lo que ya buscaba todo el mundo.
La segunda es un pase fácil dentro del área. Ese es el objetivo real de atacar una zona: no tirar de fuera hasta que entre una, sino meter el balón dentro. Una zona no tiene emparejamientos, así que cuando el balón entra, la defensa tiene que decidir quién ayuda, y ahí es donde se rompe.
Cómo se entrena
El movimiento entero depende de una coordinación: el corte del poste de fondo tiene que salir justo cuando el jugador de la esquina pasa el balón al otro lado. Si sale antes, llega y no hay balón. Si sale después, la defensa ya se ha recolocado.
Se entrena así: primero sin defensa, contando en alto los cuatro pasos, hasta que salgan seguidos. Después con cinco defensores pasivos que solo se mueven. Y solo al final a ritmo de partido. Introducir la defensa activa demasiado pronto es la forma más rápida de que el equipo decida que este movimiento no funciona.
Y cuando el balón cambia de lado, la defensa vuelve a su posición inicial, así que el movimiento se repite hacia el otro lado sin cambiar nada. Eso es lo que lo hace entrenable: no son cinco jugadas, es una jugada que se hace a los dos lados.
Este artículo desarrolla ideas de la ponencia de Sandro Gamba en el Clinic Final Four organizado por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto durante la fase final de la Copa de Europa en Zaragoza. El texto es nuestro; el mérito de los conceptos, suyo.
