El 102-54 contra Mater Dei es el resultado que mejor explica aquella temporada. No por la diferencia, que fue de 48 puntos, sino por el 102. Meter ciento dos puntos en un partido de instituto contra uno de los programas con más historia de California no se consigue acertando más: se consigue jugando más posesiones que el rival. Y ahí está todo lo que hacía aquel equipo.
Gary McKnight, que llevaba tres décadas dirigiendo a Mater Dei, dijo que no recordaba una derrota así.
Chino Hills terminó la temporada 2015-16 con 35 victorias y ninguna derrota, ganó el título de sección, ganó la final estatal de la Open Division a De La Salle por 70-50 y con eso se llevó el campeonato nacional oficioso. Un instituto público.
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Quiénes estaban en esa pista
El quinteto era Lonzo Ball, entonces en último curso; LiAngelo Ball, un año por debajo; LaMelo Ball, de primero; Eli Scott, de 1,93; y Onyeka Okongwu, un pívot de 2,01 también de primer año.
Diez años después, tres de esos cinco han jugado en la NBA y uno de ellos ha sido All-Star. Conviene retener el detalle de las edades, porque explica el estilo: dos titulares de primer año significa dos jugadores sin miedo a fallar, que es exactamente lo que aquel sistema necesitaba.
Qué hacían, en términos de pista
El resultado contra Mater Dei no sale de tirar mejor. Sale de tirar antes.
Aquel equipo corría siempre, y la palabra importante es siempre: no solo tras rebote defensivo, que es lo que hace todo el mundo, sino también después de canasta encajada. Sacar rápido de fondo tras un tanto en contra es el gesto que rompe la lógica del partido, porque la defensa rival está celebrando o replegando en modo pasivo. Cada canasta encajada se convertía en una oportunidad de contraataque en vez de en una pausa.
Encima de eso, presión a toda pista para que el rival no pudiera pasar de campo con calma. Y el tercer elemento, el que entonces era raro en categoría de instituto: tiro de tres muy por detrás de la línea, y en transición. No al final de la posesión, sino en los primeros cinco segundos.
Los tres elementos se sostienen unos a otros. La presión genera pérdidas; las pérdidas generan campo abierto; el campo abierto permite el triple cómodo; y el triple, al caer, permite volver a presionar con la defensa colocada. Quitas uno y el sistema se cae.
Por qué casi nadie puede copiar esto
Aquí está la parte que interesa a un entrenador, y no es la parte bonita.
Cuesta una plantilla entera de piernas. Ese ritmo lo aguantan siete u ocho jugadores rotando mucho, o cinco que estén excepcionalmente preparados. Aquel equipo tiraba prácticamente de cinco. Si tu banquillo no puede sostener el ritmo cuando entra, el sistema se convierte en un regalo: el rival juega contra un equipo cansado que sigue corriendo.
Cuesta permiso para fallar. Un triple en el segundo cinco de posesión, si no entra, es una posesión regalada y un rebote largo que el rival corre. Un equipo que castiga ese tiro con banquillo nunca podrá jugar así, por mucho que el entrenador lo pida en la pizarra. Hay que decidir de antemano cuántos de esos tiros se aceptan al partido, y sostenerlo cuando se fallan tres seguidos.
Y cuesta aceptar que el marcador va a subir por los dos lados. Encajar sesenta o setenta puntos deja de ser un fracaso defensivo si tú metes cien. Es un cambio de criterio, y afecta a cómo se valora al equipo dentro y fuera.
Qué se puede llevar un entrenador de cantera
Copiar el sistema entero, casi nadie. Pero hay dos piezas que se pueden aislar y que funcionan sin necesidad de tener a los Ball.
La primera es el saque rápido tras canasta encajada. Se entrena aparte, no necesita talento excepcional y cambia el partido más de lo que parece: obliga al rival a replegar de verdad después de anotar, lo que a su vez le quita gente al rebote ofensivo. Aunque no anotes en esa primera oleada, ya has cambiado su comportamiento.
La segunda es definir por escrito qué tiro es bueno. No «buen tiro» en abstracto: qué tiro, de qué jugador, en qué segundo de la posesión. Aquel equipo tenía eso clarísimo aunque a un espectador le pareciera anarquía. Lo que se ve como libertad casi siempre es una regla muy sencilla aplicada sin excepciones.
La lectura de entrenador
Es fácil quedarse con el 35-0 y con los apellidos. Lo que hace interesante a aquel equipo no es que ganara: es que ganó con un estilo que en 2015 estaba mal visto en categoría de formación, donde todavía se enseñaba a bajar el balón, colocar y buscar el tiro cómodo dentro del sistema.
Diez años después, eso mismo es lo que hace media NBA. Aquel instituto no inventó nada, pero fue de los primeros en llevarlo hasta el final en una categoría donde nadie se atrevía. Y su ventaja no era la técnica de tiro de los Ball, que también: era que el rival no había entrenado nunca contra algo así.
