Vuelve a circular el draft de 1984 contado como si escondiera algo: Houston elige a Hakeem Olajuwon, Portland elige a Sam Bowie, y Chicago se encuentra con Michael Jordan en el número tres.
No hay secreto. Es seguramente la decisión más documentada de la historia de este deporte, y el razonamiento de Portland era público en aquel momento. Lo que sí hay, y por eso me interesa, es una decisión que tú tomas cada temporada cuando armas tu plantilla.
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Qué tenía Portland en la mano
El año anterior habían elegido a Clyde Drexler en el puesto catorce. O sea que el puesto de escolta estaba cubierto, y bien cubierto. En el perímetro tenían además a Jim Paxson y a Kiki Vandeweghe.
Lo que no tenían era un cinco.
Y ahí aparece Bowie, dos metros catorce, con nombre hecho en la universidad. Encajaba en el hueco exacto del organigrama.
Ponte en esa mesa. Tienes tres jugadores para un mismo puesto y ninguno para otro. ¿Eliges a un cuarto exterior o eliges al interior que te falta?
La respuesta que da casi todo el mundo
Elegir lo que falta. Es lo que enseña el sentido común y es lo que te van a pedir desde arriba, porque tiene una lógica que se explica en una frase y la otra no.
Y fíjate en el detalle que casi nunca se cuenta: el gerente rival defendió esa elección. Jerry Krause, que cogió los Bulls justo después de aquel draft y que construyó el equipo de los anillos, dijo años más tarde que las críticas a Portland le parecían falsas.
Quien tenía todos los motivos para reírse de aquella decisión dijo que no había de qué reírse.
Por qué el criterio falla
Aquí está lo que a mí me sirve como entrenador, y es lo que le digo a cualquiera que me pregunta cómo se ficha.
La plantilla que tienes hoy es temporal. El talento no.
Cuando eliges por necesidad, estás decidiendo con una foto que caduca. Un jugador se lesiona, otro pide salir, otro se estanca, y a los dieciocho meses el hueco que justificaba tu elección ya no existe. Pero el jugador que dejaste pasar sigue siendo bueno, y lo sigue siendo en el equipo de otro.
Hay además un problema de escala que se ve poco. Un hueco en la plantilla se puede tapar de muchas maneras: con un fichaje menor, con minutos repartidos, con un cambio de sistema. Un jugador determinante no se tapa con nada, porque no hay nada que lo sustituya.
O sea que estás usando tu recurso más escaso, la elección alta, para resolver el problema más fácil de resolver por otras vías.
Cómo se traduce esto a tu equipo
Tú no tienes draft, pero tienes lo mismo con otro nombre: la prueba de septiembre, la ficha que te queda libre, el chaval que te llega de otro club.
Y la conversación es idéntica. «Es que bases ya tenemos tres». «Es que lo que nos falta es un cuatro». Lo he dicho yo, seguro que tú también.
La pregunta que yo me hago ahora, antes de decidir, es otra: si dentro de dos años me acuerdo de este chaval, ¿va a ser porque nos tapó un hueco o porque nos hizo ganar partidos?
En cantera esto pesa todavía más, porque los cuerpos cambian. El base de catorce años que no te hace falta puede medir diez centímetros más a los dieciséis. La necesidad de este curso es la foto más caduca de todas.
Dos avisos para no simplificar
El primero: Bowie no fue una elección caprichosa. Venía con historial de lesiones conocido, y años después hubo polémica sobre los reconocimientos médicos previos, pero en la mesa de 1984 había un pívot grande con nombre y un puesto vacío. Su etapa en Portland la arruinaron las piernas.
El segundo: elegir siempre al mejor disponible tampoco es una regla mágica. Si te salen tres jugadores idénticos y nadie que defienda el poste bajo, tienes un problema de verdad. La diferencia está en el tamaño del salto: por un poco mejor, cubre el hueco; por mucho mejor, cógelo y ya arreglarás lo demás.
El problema de 1984 no fue el criterio. Fue que la diferencia era enorme y no había manera de saberlo desde aquella silla.
Lo que le diría a alguien que decide esta semana
Escribe en un papel, antes de ver a nadie, qué te falta. Después haz la prueba y ordena a los candidatos por lo buenos que son, sin mirar el papel.
Si el primero de la lista no es el que tapa el hueco, párate. Puede que aun así te convenga tapar el hueco, y estará bien decidido. Pero al menos habrás visto la diferencia entre las dos listas, que es exactamente lo que en Portland no se podía ver.
