Hay una pregunta razonable al empezar a enseñar a tirar: ¿por qué el tiro libre, y no algo más divertido?
La respuesta es que el tiro libre se da siempre en las mismas circunstancias. Misma distancia, mismo suelo, sin defensor, con tiempo. Por eso es el más fácil de enseñar, el más fácil de practicar y, sobre todo, el más fácil de aprender bien. Todo lo demás se construye encima.
Y hay un segundo motivo, más práctico: a todos los chavales les encanta tirar y todos quieren ser buenos tiradores. Eso es una ganas que ya vienen puestas. Lo inteligente es aprovecharlas para enseñar la mecánica correcta, no pelearse con ellas.
Índice
Los ocho detalles
La distancia. El jugador tiene que saber a qué distancia está tirando y, sobre todo, tenerla asimilada. Suena obvio y no lo es en formación, donde muchos tiran igual desde cualquier sitio.
El tiempo. Hay tiempo de sobra. El jugador tiene que saberlo, porque el error más común en la línea es precipitarse sin ningún motivo.
La fuerza sale de las piernas. Para que lo interioricen, una imagen que funciona: al tirar, intentad meter todo el cuerpo dentro de la canasta.
Los pies, donde se esté cómodo. Unos los ponen paralelos y otros adelantan uno. Murphy prefería paralelos para el tiro libre, pero lo decía con la coletilla que importa: lo fundamental es que el jugador esté cómodo. Este no es el detalle por el que pelearse.
El brazo, extendido del todo para que el balón ruede. Y aquí va el truco de enseñanza que más se puede copiar: usaba un balón de tres colores para que el propio jugador viera si el balón estaba rodando o no. El alumno se corrige solo, sin que nadie le diga nada.
Los dedos bien abiertos al coger el balón. Es lo que da control y lo que evita que se desvíe a los lados.
La mano relajada después del tiro. Lo que pasa después de soltar el balón dice lo que ha pasado antes.
El balón, en arco muy pronunciado. Tiene que subir alto y caer lo más vertical posible. Cuanto más recto viaje, más difícil es que entre: es geometría, el aro es más grande visto desde arriba.
Y luego están las dos palabras
Por encima de la mecánica, dos cosas: concentración y repetición.
Repetición significa hacer siempre los mismos gestos, en el mismo orden, en todos los tiros. Y eso no debería costar, precisamente porque las circunstancias no cambian nunca. De esa repetición sale la coordinación y el ritmo del tiro. Es disciplina en la línea, y es la disciplina la que hace buenos tiradores.
Concentración significa encerrarse y aislarse del resto para pensar solo en meterla. Murphy contaba que tenía un récord de 78 tiros libres consecutivos en la NBA, y que el que falló lo falló por perder la concentración: quizá pensando que ya no podía fallar nunca.
La norma de vestuario
Esta es la parte que se puede aplicar mañana y que casi ningún equipo aplica.
La forma más fácil de perder la concentración es cuando hay dos tiros libres. El jugador mete el primero y entonces se va andando hacia atrás, o le vienen los compañeros a chocarle la mano y él saluda. Y después falla el segundo.
En los Rockets, Murphy prohibió las felicitaciones al tirador entre los dos tiros. No es una manía: es quitar de en medio lo único que rompe el estado en el que el jugador acaba de meter uno.
En un equipo de formación esa norma cuesta dos frases y una semana de recordarla, y se nota en el porcentaje del segundo tiro.
Una idea de fondo, que es la que sostiene todo lo anterior
Murphy jugó catorce años en la liga profesional midiendo 180 centímetros, y lo atribuía a haber tenido de joven entrenadores que le enseñaron a jugar correctamente. De ahí sacaba una distinción que conviene tener presente: entrenador y maestro no son lo mismo, y el trabajo consiste en ser las dos cosas a la vez.
Los equipos de los otros dos ponentes del clinic ganaban partidos, decía, porque ellos también eran maestros. Y por eso nunca hay que dejar de enseñar: quedan demasiadas cosas por aprender.
Este artículo desarrolla ideas de la ponencia de Calvin Murphy en el Clinic Final Four organizado por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto durante la fase final de la Copa de Europa en Zaragoza. El texto es nuestro; el mérito de los conceptos, suyo.
