El Joventut de Badalona ganó al Barça por 101-87 y se llevó la Supercopa Endesa 2026, en su propia cancha y delante de su gente.
Es el primer título de la Penya en dieciocho años. Y hay un segundo dato que le da otra dimensión: es el primer equipo anfitrión que gana el trofeo en toda la historia del torneo. Jugar en casa la Supercopa había sido, hasta ahora, una maldición estadística.
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Laprovittola, 31 puntos y un récord
El MVP fue Nico Laprovittola, con 31 puntos y nueve triples, que son récord en un partido de Supercopa.
Y los metió contra el Barça, que es el equipo que decidió no renovarle. Eso, en una final, es un guion que no se puede escribir.
Los números completos son peores para el Barça de lo que parece el marcador
Veintisiete puntos en la semifinal contra el Baskonia y treinta y uno en la final. Cincuenta y ocho en el torneo, cuando el récord anterior de una edición lo tenía Musa con cuarenta.
Entre los dos partidos, catorce triples de veintitrés intentos. Un 61 %. Nadie había metido más de ocho en una edición entera, y el que tenía ese ocho era él mismo, en 2022.
Los promedios del fin de semana: veintinueve puntos, ocho asistencias y media, y siete triples por partido.
Y el contexto que lo explica a medias: llevaba dos años arrastrando lesiones, y el Barça decidió este verano no renovarle.
Nueve triples en una final no salen por casualidad ni por estar caliente. Salen porque la defensa te concede ese tiro una y otra vez y tú no fallas. Que un equipo permita nueve a un tirador de ese nivel es tan noticia como que él los meta.
Qué pasó con Ricky Rubio
Diez puntos y ocho asistencias.
Buen partido de dirección, y un papel de acompañamiento. El protagonista fue otro, y conviene decirlo porque medio internet ha titulado con el nombre de Ricky.
La historia de Ricky con este club sí es buena por otro lado: debutó con la Penya con catorce años, se fue al Barça cuatro años después y volvió a casa hace poco más de una temporada. Levantar un título aquí, después de todo ese recorrido, tiene valor. Pero la final la ganó el tiro de otro.
Lo que se llevan los entrenadores de este partido
Dos cosas, y las dos sirven para cualquier categoría.
La primera: el tirador que vuelve a su exequipo. No es una anécdota emocional, es información de scouting. Un jugador que conoce de memoria las ayudas del rival sabe dónde va a estar el hueco antes de que se abra.
La segunda: nueve triples permitidos es un problema de plan, no de acierto. Cuando alguien mete tres o cuatro, es su noche. Cuando llega a nueve, es que nadie ajustó. La pregunta de banquillo no es por qué no falla, es en qué momento se decidió seguir dándole ese tiro.
El ambiente
El pabellón, lleno. Y en un torneo que se juega a partido único, jugar en casa dejó de ser por fin una desventaja.
Dieciocho años esperando, y se acabó en una noche con nueve triples dentro.
