Bendigo es una ciudad pequeña del interior de Victoria, con un pabellón que se llena de críos con la camiseta de su equipo y un torneo de pretemporada, el Blitz, que en Australia sirve para lo mismo que aquí sirve un amistoso de agosto: probar cosas. Este año iban a probar una gorda. Y a última hora se les cayó.
La NBL, la liga profesional australiana, había puesto sobre la mesa dos ideas que a cualquiera que llevemos años en un banquillo nos hacen levantar la ceja: que un mate valga tres puntos en vez de dos, y que un tiro convertido desde el centro del campo valga cuatro. Basketball Australia dio el visto bueno primero y después recordó que eso no lo decide una liga: lo tiene que autorizar la FIBA. No dio tiempo. El Blitz arrancó el 3 de septiembre con el reglamento de siempre.
Vince Crivelli, director de operaciones de la NBL, salió a poner el freno: aquello era para el Blitz y solo para el Blitz, «nunca estuvieron sobre la mesa para la liga regular». Pero la liga ha dicho también que quiere seguir intentándolo. Así que merece la pena sentarse a pensar qué pasaría de verdad en pista, porque una regla no se juzga por lo que suena, sino por lo que obliga a hacer a los diez que están dentro.
Índice
Un mate de tres puntos revienta la aritmética del ataque
Vamos a la pizarra. Hoy tú decides tus tiros por lo que valen de media. Un triple de esquina bien liberado, en un equipo decente, cae alrededor de un 38 % de las veces: 0,38 × 3 son 1,14 puntos por intento. Una bandeja limpia cae mucho más, pon un 60 %, pero vale dos: 1,20. Por eso los ataques modernos viven entre el aro y la línea de tres y desprecian la media distancia. Nada nuevo; de eso ya hablamos cuando comparamos el reparto de tiros de la NBA con una cancha FIBA.
Ahora mete el mate a tres. Un mate liberado no se falla casi nunca: ponle un 90 %. Eso son 2,7 puntos por intento. No hay ningún otro tiro del baloncesto que se le acerque. No es una variante más: es el tiro que se come a todos los demás.
Lo primero que se rompe es tu defensa
Piénsalo desde el banquillo de enfrente. Hoy, cuando defiendes un bloqueo directo, tu pívot puede hundirse y regalar la bandeja del base para no dejar el triple del tirador. Es la decisión más común del baloncesto actual: te doy dos, no te doy tres.
Con el mate a tres esa frase deja de existir. Un cinco cayendo al aro y machacando ya no te cuesta dos: te cuesta lo mismo que un triple, pero con una probabilidad del noventa por ciento en lugar del treinta y ocho. El hundimiento se muere ese día. Todo el mundo tendría que pasar por encima, y el que pasa por encima abre pasillo, y el pasillo lleva otra vez al aro. Y cuando ya no te queda defensa, haces lo único que queda: agarrar. Falta antes de que despegue, siempre, y a la línea. Un partido con veinte faltas más y treinta tiros libres más no lo ve nadie.
Hay un detalle que casi nadie menciona y que a mí es el que más me chirría: el and-one. Un mate con falta y tiro libre convertido serían cuatro puntos en una posesión, con un contacto que muchas veces no es ni una decisión, es un pívot que llega tarde. Cuatro puntos por llegar tarde.
Y luego está lo que le hace a la cantera, que es donde yo entreno y donde entrenas tú. En cadete no matea casi nadie. Una regla que multiplica el premio de una acción reservada a los cuatro chavales que ya vuelan por genética le dice al resto que su trabajo vale menos. Justo lo contrario de lo que intentamos vender cada tarde.

El tiro de cuatro desde el centro asusta menos de lo que parece
Con el otro cambio soy bastante menos duro, y creo que es el que la gente ha juzgado con más prisa. Un tiro desde el círculo central, a doce o trece metros, cae muy pocas veces. Aunque le pongas un generoso 15 %, 0,15 × 4 son 0,6 puntos por intento: bastante peor que un triple normal. O sea que ningún entrenador lo metería en su ataque. No distorsiona nada de lo que haces en una posesión de veinticuatro segundos.
¿Dónde sí cambia algo? En dos sitios muy concretos. Uno, en el último segundo de cada cuarto, ese tiro desde su campo que hoy se lanza por inercia y que pasaría a tener sentido buscarlo con un saque preparado. Y dos, en los finales de partido: un equipo trece abajo a dos minutos hoy está muerto y lo sabe todo el pabellón; con el cuatro disponible sigue habiendo una cuenta que sale. Menos minutos de basura y más gente sin levantarse del asiento.
Si a mí me dan a elegir entre las dos, esta la probaría en un torneo de verano sin despeinarme. La otra no.
Lo que sí se está probando de verdad: la liga femenina
Mientras la NBL se peleaba con los permisos, la WNBL, la liga femenina australiana, ha hecho lo que hay que hacer con una idea rara: bajarla a pista en un torneo pequeño y mirar. De seis reglas que estaban encima de la mesa se han quedado con tres, y se prueban en el Townsville Tip-Off, del 17 al 20 de septiembre.
La primera es la que más me interesa: un solo tiro libre por el máximo de puntos. Si te hacen falta tirando de tres, lanzas un tiro que vale tres. Si es de dos, uno que vale dos. Se acaban las series de dos y tres tiros con los diez jugadores parados mirándose las zapatillas. La justificación oficial es acelerar el partido, y hay un matiz que demuestra que lo han pensado: en los últimos dos minutos se vuelve al reglamento normal, para no cargarse la estrategia de faltas del final.
La segunda es un tiempo muerto por partido que solo pueden pedir los jugadores, sin entrenador, y solo el que tiene el balón. Justin Nelson, director de operaciones de la WNBL, lo explicó como una forma de dar más liderazgo a la gente de dentro. A mí me parece un ejercicio precioso y también un espejo incómodo: si tu base no sabe cuándo parar un partido, quizá es que le has quitado esa decisión desde infantil.
La tercera es sacar de inmediato en tu propia pista tras una infracción del rival, sin esperar a que el árbitro entregue el balón. Menos tiempos muertos disfrazados, más ritmo.
Y lo que entra en vigor de verdad, que es lo que te va a tocar a ti
Con todo el ruido de los mates de tres, conviene no perder de vista que la tanda de cambios que sí está aprobada y que sí vas a sufrir el primer fin de semana de liga es otra: la de la FIBA, que entra el 1 de octubre y que reordena las faltas técnicas en dos categorías y sustituye la antideportiva de siempre por la falta disruptiva y la flagrante. Eso no es un experimento australiano, eso es tu partido del sábado, y lo desmenucé entero en el repaso a los cambios de reglas de la 2026-2027.
Mi opinión de entrenador
Scott Roth, que ganó el título con los Tasmania JackJumpers y no es precisamente un nostálgico, lo dijo en ABC Sport con una palabra que se le ha quedado pegada al debate: farsa. «Es un juego muy puro, y muy simple, y crear otras cosas sería un error». Enfrente, el dueño de los Perth Wildcats, Mark Arena, defendió a la liga: algunas ideas funcionarán y otras no, pero sin arriesgar no se mejora.
Los dos tienen parte de razón, y creo que el desacuerdo se resuelve separando las dos propuestas en vez de meterlas en el mismo saco. El tiro de cuatro toca el margen del juego: los últimos segundos, las remontadas imposibles. El mate a tres toca el centro, cambia la decisión que se toma cuarenta veces por partido en cada bloqueo directo, y por ahí no se puede tirar sin saber lo que sale.
Lo que sí les compro es el método de la liga femenina, y ojalá cundiera por aquí. Coges tres ideas, las metes en un torneo de cuatro días, y miras qué pasa con el reloj, con las faltas y con la cara del público. Después decides. La NBL se ha llevado la bronca por anunciar la idea antes de tener el permiso; la WNBL lleva semanas haciendo el trabajo silencioso de comprobarla en pista.
