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FICHAQB-6106
Ejercicios Motivación

Cómo levantar a un equipo que va perdiendo de veinte en el descanso

El momento peor gestionado del baloncesto de base. Qué decir en esos seis minutos, qué callarse y qué pedir para la segunda parte.

Publicado
16 Ago 2026
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4 min
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Vas perdiendo de veintiuno. El equipo entra al vestuario sin mirarse, dos jugadores ya están hablando de otra cosa y el base se sienta el último. Tienes seis minutos y la sensación de que digas lo que digas va a dar igual.

Es el momento peor gestionado del baloncesto de formación, y no porque los entrenadores no se lo tomen en serio. Al revés: porque se lo toman tan en serio que hacen justo lo que no funciona.

Lo que casi todos hacemos, y por qué no sirve

Repasar los errores. Es lo más natural y lo más inútil en ese momento. Un equipo que va perdiendo de veinte ya sabe que lo está haciendo mal; lo que no sabe es qué hacer distinto. Enumerar fallos confirma lo que ya sienten y no les da nada.

Subir el tono. Funciona una vez por temporada, y solo si no se usa el resto del año. Si el equipo ya te ha visto gritar tres veces, la cuarta es ruido. Y en categorías de formación, además, hay un problema añadido: el jugador de trece años que recibe una bronca en un vestuario cerrado no vuelve a la pista más concentrado, vuelve más asustado, que no es lo mismo aunque a veces se parezca desde el banquillo.

Pedir «más ganas». Es la petición más frecuente y la más vacía. Nadie sabe cómo se ejecuta «más ganas». No es una instrucción, es un deseo.

Lo primero: decidir a qué partido vas

Con veintiuno de desventaja y veinte minutos por jugar, la remontada es improbable y todo el mundo en ese vestuario lo sabe. Fingir lo contrario te cuesta credibilidad para el resto de la temporada.

Así que el primer trabajo es tuyo y es de cabeza: decidir qué vas a ganar en la segunda parte, ya que el partido no. Y ese objetivo tiene que ser real, medible y alcanzable en veinte minutos. Por ejemplo: ganar el rebote defensivo, o no encajar una canasta fácil en transición, o encadenar cuatro posesiones seguidas atacando con criterio.

No es un consuelo. Es un cambio de marcador: si el del panel está perdido, se juega a otro que todavía se puede ganar.

Los seis minutos, por orden

El primer minuto: silencio y agua

Déjalos sentarse y beber. Entrar hablando encima de ellos hace que la mitad no escuche el principio. Y a ti te da sesenta segundos para dejar de estar enfadado, que se nota más de lo que crees.

El segundo: nombrar la realidad sin dramatizarla

Una frase, dicha en tono normal: «Vamos perdiendo de veintiuno y hay veinte minutos.» Nombrarlo le quita fuerza. Lo que no se nombra ocupa toda la habitación.

Del tercero al quinto: una cosa, dos como mucho

Aquí está el error de volumen. Un equipo hundido no retiene cinco correcciones; retiene una. Elige la que más puntos te está costando, explícala en treinta segundos y enseña cómo se hace en vez de contarlo. Si tienes pizarra, dos líneas. Si no, dos jugadores de pie y una posición.

Y dilo en positivo, no como prohibición. «El primer pase sale por la banda» se ejecuta; «no perdáis balones en la salida» no se ejecuta, solo se teme.

El sexto: el objetivo de la segunda parte, dicho en voz alta

Aquí es donde entra lo que decidiste antes. «Vamos a ganar el rebote defensivo esta segunda parte. Los voy a contar. Al final del partido os digo cómo ha quedado.»

Que sea contable importa mucho: convierte veinte minutos de derrota en una tarea con final. Y que digas que lo vas a contar importa todavía más, porque significa que después habrá una conversación con datos y no con impresiones.

Y al salir

Un detalle que cambia bastante: sal tú el último y díselo a alguien concreto, no al grupo. Al que peor lo está pasando, una frase corta al oído mientras sale. No de ánimo genérico, sino de tarea: «tú te encargas del rebote largo».

El que sale con un trabajo asignado no sale pensando en el marcador.

Después del partido, el trabajo de verdad

Cuenta lo que dijiste que ibas a contar y dilo en el siguiente entrenamiento, con el número delante. Si ganasteis el rebote de la segunda parte, esa es la noticia de la semana aunque hayáis perdido de veinticinco. Si no lo ganasteis, también se dice, y se trabaja el martes.

Esto es lo que hace que el sistema funcione a la tercera o cuarta vez, no a la primera: el equipo aprende que cuando pones un objetivo, se mide. A partir de ahí, los descansos de los partidos malos dejan de ser un trámite y pasan a ser el sitio donde se decide qué se va a intentar.

Para el próximo entrenamiento

  1. Elige tres objetivos posibles de segunda parte que sirvan para tu equipo, y ténlos escritos antes de que empiece el partido.
  2. En el descanso, elige uno según lo que esté pasando y anúncialo diciendo que lo vas a contar.
  3. Cuéntalo de verdad. Un papel y una raya por cada vez.
  4. Dilo en el siguiente entrenamiento, con el número, gane o pierda.