Hay temporadas en las que el equipo va a perder. No por falta de trabajo: porque le ha tocado un grupo con equipos de otra dimensión, o porque es el primer año de una generación, o porque se quedó sin tres jugadores en septiembre.
Si el único marcador es el del panel, esa temporada son treinta derrotas seguidas y un grupo que se desmonta en enero. Hace falta otro marcador. Y montarlo tiene truco, porque la mayoría de los que se ponen no sirven.
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Los objetivos que no funcionan
«Mejorar». No es un objetivo, es una intención. No se puede saber si se ha cumplido.
«Competir hasta el final». Suena bien y depende del rival. Contra un equipo muy superior no se puede competir hasta el final por mucho que se quiera, así que es un objetivo que el equipo puede hacer todo bien y aun así fallar.
«Perder de menos de quince». Sigue dependiendo del rival y además pone el foco donde no queremos: en la derrota, solo que con letra pequeña.
El patrón es el mismo en los tres: o no se pueden medir, o no dependen del equipo. Un objetivo útil cumple las dos cosas.
Cómo es uno que sí funciona
Tiene que ser algo que el equipo controle por completo y que se pueda contar con una raya en un papel. Ejemplos reales que aguantan una temporada:
- Rebote defensivo. Cuántos de los rebotes defensivos disponibles caen de vuestro lado.
- Pérdidas no forzadas. Las que no provoca el rival: el pase al lateral, el pie en la línea, el balón que se cae solo.
- Tiros libres intentados. Mide si el equipo ataca el aro o se conforma con tirar de fuera.
- Balones divididos. Los que están en el suelo o en el aire sin dueño. Es el objetivo que más rápido cambia el ambiente de un equipo.
- Faltas en transición. Las que se hacen por llegar tarde. Cuentan la actitud defensiva mejor que casi nada.
Fíjate en que ninguno es de tiro. El porcentaje de tiro es lo primero que a todos se nos ocurre y es mal objetivo: depende demasiado de la suerte de una tarde y un equipo puede hacer todo bien y fallar quince tiros buenos.
Uno cada vez, y durante varias semanas
El error siguiente es poner cinco a la vez. Un equipo, y sobre todo un equipo joven, atiende a uno. Se elige uno, se trabaja tres o cuatro semanas y se cambia cuando esté instalado.
Y se anuncia con número desde el principio. No «vamos a rebotear mejor», sino «la temporada pasada cogíamos seis de cada diez rebotes defensivos, vamos a llegar a siete». El número hace dos cosas: dice si se ha conseguido y demuestra que estabas mirando antes de pedirlo.
Medirlo sin montar un departamento de estadística
Esto es lo que hace que el sistema se caiga en la mayoría de equipos: se pone el objetivo, se mide dos partidos y se abandona porque nadie tiene tiempo.
La medida tiene que ser tan barata que se pueda hacer siempre:
- Una persona, un papel, una raya. No hace falta una aplicación. Un delegado, un padre o un jugador lesionado hacen una raya cada vez que pasa la cosa que se está contando.
- Un solo dato por partido. El del objetivo en curso. Nada más.
- Se apunta en un sitio fijo y visible. Un folio en el vestuario con una columna por jornada. La continuidad es la mitad del efecto.
Cuando el equipo ve la columna crecer, el objetivo deja de ser una cosa que dice el entrenador y pasa a ser algo suyo. Ese es todo el mecanismo.
Qué pasa cuando se cumple
Dos cosas, y las dos hay que gestionarlas.
La primera: hay que celebrarlo aunque se haya perdido el partido, y hay que hacerlo el mismo día. Si el objetivo solo se menciona cuando además se gana, el equipo aprende en dos semanas que el objetivo era mentira y que lo único que contaba era ganar.
La segunda: hay que subirlo. Un objetivo cumplido y mantenido tres semanas deja de motivar y pasa a ser rutina, que está bien pero ya no tira. Se sube el listón o se cambia de objetivo.
El efecto que no se espera
Al cabo de unos meses pasa algo que casi nadie anticipa: el equipo empieza a ganar partidos que antes perdía. No por moral, por aritmética. Un equipo que coge dos rebotes defensivos más por partido y comete tres pérdidas tontas menos tiene cinco posesiones más, y cinco posesiones son entre cinco y siete puntos. Eso son varios partidos ajustados al año.
Los objetivos que no dependen de ganar acaban haciendo ganar. Pero solo si se eligen bien, se miden de verdad y se sostienen cuando el resultado no acompaña, que es exactamente cuando cuesta.
Para el próximo entrenamiento
- Elige un solo objetivo de la lista, el que más puntos le esté costando a tu equipo.
- Busca el dato de partida. Si no lo tienes, cuéntalo en los dos próximos partidos antes de anunciar nada.
- Anúncialo con el número de partida y el número al que vais.
- Pon el folio en el vestuario y busca quién hace las rayas.
