Si ves un partido desde la grada, la respuesta parece fácil: manda el que está de pie gritando. Y es verdad a medias.
En un equipo hay una lista de gente con trabajos distintos, y varios de ellos pueden parar lo que está pasando. Va uno por uno.
Índice
Los del banquillo
El entrenador principal. Decide el quinteto, los cambios, cuándo se pide tiempo muerto y qué se defiende. Es quien responde de lo que pasa. Pero durante los cuarenta minutos, buena parte de su trabajo ya está hecha: se hizo en la semana.
El ayudante. Lo que parece un puesto de apoyo es, en muchos equipos, el que lleva la defensa o el ataque entero mientras el principal lleva el otro. En cantera suele ser además quien habla con los que no juegan, que es el trabajo más difícil del banquillo.
El preparador físico. Y aquí está el primer poder real que no se ve: puede decir que un jugador no juega, y esa decisión no se discute. El entrenador puede querer sacarlo; si el preparador dice que no, no sale.
El fisioterapeuta. Lo mismo, y además es quien sabe cosas del vestuario que no llegan a ningún otro sitio. La camilla es donde la gente habla.
El que lleva el vídeo. En los equipos que lo tienen, es quien prepara lo que el rival va a hacer antes de que lo haga. En cantera, casi siempre es el ayudante a las once de la noche.
El delegado. Las actas, las licencias, los horarios, el autobús, la llave del pabellón. Sin esa persona no hay partido, literalmente: sin acta firmada no se juega.
Los de la pista
Y aquí viene lo que mucha gente no tiene claro.
El capitán. Es el único jugador que puede dirigirse al árbitro para pedir una aclaración. No para protestar: para preguntar. Esa es una función reglamentaria, no un galón honorífico.
El base. Durante la posesión, manda él. Decide qué jugada se pone, si se corre o se para, y a quién se le da el balón en el último minuto. Un entrenador puede pedir una cosa desde la banda y el base ver que no está, y cambiarla. Los buenos entrenadores quieren exactamente eso.
El veterano que no lleva galón. En casi todos los vestuarios hay uno. No aparece en ningún organigrama y es quien de verdad marca qué se tolera y qué no.
Y por encima de todos
El director deportivo o el coordinador. No decide un solo minuto de juego y decide todo lo demás: quién entrena a cada equipo, qué jugadores suben, qué se hace con el que no está rindiendo. Su horizonte no es el partido del domingo, son tres temporadas.
Es el cargo que menos se ve desde la grada y el que más cambia un club.
El giro, que es lo importante
Visto en lista, parece una jerarquía: uno arriba y los demás debajo.
Funcionando, no lo es. En un partido, el poder va cambiando de manos cada pocos segundos. Manda el entrenador cuando pide el tiempo muerto, el base durante la posesión, el capitán cuando se acerca al árbitro, el preparador físico cuando dice que ese jugador no sale, y el delegado cuando falta una licencia.
Ninguno de esos cargos existe para ser más que otro. Existen para que el domingo se pueda jugar sin que nadie tenga que ocuparse de cinco cosas a la vez.
Que es, por cierto, lo que pasa en los clubes pequeños, donde una sola persona es entrenador, delegado, preparador y el que abre el pabellón. Y ahí se ve para qué servían los cargos.
