Los contraataques de los equipos de formación se mueren casi siempre en el mismo sitio, y no es corriendo: es en el segundo y medio que va desde que alguien coge el rebote hasta que alguien sabe dónde está el balón.
El entrenador que llevó a los Suns a unas finales entrenaba justo ese segundo y medio, y lo hacía obligando a hablar.
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Antes de correr: pivotar hacia fuera
La primera regla es del reboteador y son dos cosas.
Mantener el balón arriba. Bajarlo es lo que provoca la mitad de los saltos entre dos y de las pérdidas en la línea de fondo.
Pivotar siempre hacia el exterior para dar el primer pase. Siempre hacia fuera, nunca hacia el centro. El motivo es directo: hacia el centro está la presión de los hombres altos rivales, y hacia fuera no hay nadie.
Ese detalle no se enseña, se corrige. Un jugador que ha cogido el rebote gira hacia donde le apetece, y en cantera casi siempre gira hacia dentro porque es donde está mirando.
El ejercicio
Se coloca al equipo como está de verdad en un partido cuando sale un tiro: los altos cerca de canasta, los pequeños repartidos por el perímetro. Nada de filas.
El entrenador tira contra el tablero y todo el mundo va al rebote. A partir de ahí, cada uno tiene una palabra.
Las tres palabras
«Balón». Lo grita quien atrapa el rebote. No es un adorno: es la señal de salida. Hasta que no suena, nadie se mueve. Y en cuanto suena, se mueven todos.
«Banda». La dice el base que está en el mismo lado que el balón mientras se abre. Significa: estoy aquí y estoy listo para recibir.
«Medio». La dice el otro base, que va al centro de la pista. Así el reboteador sabe a quién tiene que pasarle sin tener que buscar con la vista.
Y el alero del lado contrario grita «lado contrario» y corre rápido hacia delante, que es el que va a recibir el pase largo si la defensa se ha quedado.
Por qué funciona
Porque el problema del contraataque no es de velocidad, es de información. El que coge el rebote tiene la cabeza dentro de un montón de brazos y no ve nada; los demás sí ven, y son los que tienen que decirle dónde están.
Cuando el equipo habla, el primer pase sale antes de que el reboteador haya levantado la cabeza. Cuando no habla, el reboteador mira, duda, bota una vez, y la ventaja ya no existe.
Cómo se pone esto en un entrenamiento de cantera
Empieza sin oposición y con una sola condición: que se oigan las tres palabras desde el otro lado del pabellón. Si no se oyen, se repite. Los primeros días va a dar vergüenza y va a sonar ridículo, y ese es exactamente el momento en el que hay que insistir.
Cuando ya salga solo, se mete un defensor al rebote y luego dos. El ejercicio no cambia; lo que cambia es que ahora hablar cuesta.
Este artículo desarrolla ideas de la ponencia de John McLeod en el Clinic Final Four organizado por la Asociación Española de Entrenadores de Baloncesto durante la fase final de la Copa de Europa en Zaragoza. El texto es nuestro; el mérito de los conceptos, suyo.
